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Primeros aranceles de Trump

Por Pearson Specterlunes, 3 de febrero de 20254 min de lectura

Trump firmó aranceles del 25 % a Canadá y México y del 10 % a China; los de sus vecinos se suspendieron 30 días. Cómo prepararse ante la incertidumbre comercial.

Foto: President Donald J. Trump · Wikimedia Commons · dominio público (recortada)

El 1 de febrero de 2025, el presidente Donald Trump firmó aranceles del 25 % sobre los productos de Canadá y México y del 10 % sobre los de China. Era la primera gran medida comercial de su segundo mandato y afectaba a tres de los principales socios comerciales de Estados Unidos, con los que mantiene intercambios muy intensos de bienes y de componentes industriales. Buena parte de ese comercio forma parte de cadenas de producción integradas, en las que una pieza puede cruzar la frontera más de una vez antes de llegar al producto final.

El 3 de febrero, Trump suspendió durante 30 días los aranceles a sus vecinos, mientras que el de China entró en vigor el día 4. En apenas unos días, por tanto, una misma decisión se firmó, se aplazó para unos países y se aplicó a otro. Para quien tiene que fijar precios, firmar contratos o planificar compras, esa secuencia es en sí misma una fuente de incertidumbre. La incertidumbre tiene un coste propio, incluso cuando el arancel no llega a aplicarse: las empresas pueden retrasar decisiones o pedir más garantías a sus socios.

Qué es un arancel

Un arancel es un impuesto que se cobra sobre los productos importados. Lo paga formalmente quien importa, pero acaba repartiéndose entre el importador, el exportador y el consumidor final, según la fuerza negociadora de cada uno y la facilidad para sustituir el producto por otro. Un bien con muchos sustitutos ofrece menos margen para trasladar el coste; uno difícil de reemplazar, más.

Además del coste directo, los aranceles generan efectos indirectos: encarecen los componentes que luego se incorporan a otros productos, alteran las rutas logísticas y llevan a otros países a responder con medidas propias. Por eso su impacto rara vez se limita a los dos países implicados y puede alcanzar a empresas que nunca han vendido directamente en ese mercado.

Anuncios, pausas y negociación

La política comercial se hacía por anuncios, pausas y negociaciones. En pocos días, unos aranceles se firmaban, se suspendían y se aplicaban a un país pero no a otros. Esa forma de gobernar el comercio hace muy difícil fijar precios y contratos a medio plazo, porque el punto de partida cambia antes de que se cierre la operación.

Un plazo de 30 días es corto para reorganizar una cadena de suministro, pero largo para mantener la tensión sobre los pedidos. Muchas empresas se encuentran, así, entre dos riesgos: reaccionar demasiado pronto ante una medida que puede no llegar a aplicarse, o hacerlo demasiado tarde cuando ya está en vigor y los costes han empezado a correr. En ambos casos, la mejor protección es la información: saber con exactitud qué se compra, a quién y con qué país de origen.

Preparar escenarios

Para las empresas, la estrategia más sensata era preparar escenarios en lugar de reaccionar a cada titular. Conviene saber qué productos, clientes y proveedores dependen de las rutas afectadas, qué cláusulas de precio permiten trasladar costes y qué margen hay para absorber un cambio sin poner en riesgo la tesorería.

Un buen punto de partida es definir, para cada escenario, qué se haría y quién lo decidiría: mantener el pedido, renegociar el precio, buscar un proveedor alternativo o ajustar el calendario de entregas. También conviene revisar los contratos en curso, en particular los de precio cerrado, y hablar con el asesor aduanero o jurídico si hay dudas sobre el origen de las mercancías. Dejar por escrito las hipótesis con las que se decide permite, además, revisar con rapidez el plan cuando llega la siguiente noticia.

Cuando el entorno cambia por anuncios, la mejor defensa es haber pensado las respuestas con antelación.

Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.

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