El 25 de noviembre el presidente electo anunció aranceles del 25 % a México y Canadá y adicionales a China. Qué significa una amenaza arancelaria y cómo prepararse.
El 25 de noviembre de 2024, el presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, anunció que impondría aranceles del 25 % a México y Canadá, y aranceles adicionales a China, desde el primer día de su mandato. Aún no era una medida en vigor, ya que el nuevo gobierno no había tomado posesión, pero sí una señal clara de por dónde podía ir su política comercial. Los mercados y las empresas reaccionaron de inmediato, porque los tres países citados son socios comerciales de primer orden.
Para una empresa española o europea, la noticia puede parecer distante, pero no lo es. Las cadenas de suministro son internacionales, y un arancel a los productos de un país afecta a las empresas que fabrican allí, a las que les compran y, por extensión, a los clientes finales. Entender cómo funcionan estas amenazas, aunque finalmente no se apliquen, ayuda a planificar con más serenidad. No se trata de alarmarse, sino de tener claro qué parte del negocio estaría expuesta y cuánto margen existe.
Qué se anunció
Para entender el alcance del anuncio conviene empezar por lo básico: un arancel es un impuesto que se paga al importar un producto, de modo que lo encarece frente al fabricado en el propio país. Un 25 % es un recargo muy considerable, que puede cambiar por completo la rentabilidad de una operación comercial. Para el importador, el arancel suele traducirse en un precio más alto o en un margen menor.
Todavía era una amenaza y no una medida aplicada. Entre el anuncio y la aplicación puede haber negociaciones, excepciones, cambios de calendario o retiradas. Por eso no conviene tratar una amenaza como un hecho consumado, pero tampoco como un simple ruido: es una información relevante para preparar escenarios con tiempo. La clave es distinguir entre lo posible y lo seguro.
Una etapa de incertidumbre
El comercio mundial entraba en una etapa de incertidumbre. Los aranceles encarecen los productos importados y pueden provocar represalias, de modo que una amenaza de este tipo ya condiciona los precios, los contratos y los planes de inversión, aunque no llegue a aplicarse. Las empresas que comercian entre varios países deben contar con la posibilidad de que las reglas cambien con poco aviso. La experiencia reciente demuestra que las condiciones comerciales pueden variar con mucha rapidez.
La incertidumbre es costosa por sí misma. Cuando no se sabe qué aranceles regirán, las empresas dudan antes de firmar contratos de larga duración, de abrir una fábrica o de comprometer una inversión, y los clientes aplazan pedidos. Esa parálisis puede hacer más daño que el propio arancel, y de ahí la importancia de contar con un plan que permita actuar en cualquier escenario.
Qué conviene hacer
Las empresas que venden a Estados Unidos empezaron a estudiar escenarios y alternativas antes de que llegara enero. Conviene calcular el efecto sobre los márgenes, revisar las cláusulas de precios e incoterms de los contratos y explorar otros mercados o proveedores. Los incoterms son las reglas que determinan quién asume los costes y los riesgos del transporte y de los trámites aduaneros.
Un ejercicio práctico es construir dos o tres escenarios, por ejemplo con y sin arancel, y comprobar cuánto cambia el resultado de cada línea de negocio. Después conviene hablar con clientes y proveedores sobre cómo se repartirían los costes y qué alternativas existen. Anticiparse permite elegir; improvisar, solo reaccionar. Un asesor puede ayudar a diseñar esos escenarios. Cuanto antes se identifiquen los puntos débiles, más tiempo habrá para corregirlos sin prisas.
Anticipar escenarios es más barato que improvisar respuestas.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.



