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Final de la Copa América en Barcelona

Por Pearson Specterlunes, 21 de octubre de 20244 min de lectura

Emirates Team New Zealand ganó la Copa América el 19 de octubre y cerró dos meses de regatas. Qué deja un gran evento a la ciudad y a las empresas.

Foto: Enric · Wikimedia Commons · CC BY-SA 4.0 (recortada)

El 19 de octubre de 2024, Emirates Team New Zealand ganó la Copa América frente al equipo británico. La final puso punto final a dos meses de regatas en el litoral de Barcelona, que había sido escenario de la competición deportiva internacional más antigua. Para los aficionados, era el desenlace de una competición larga; para la ciudad, el cierre de un periodo de intensa actividad. La competición reunió a equipos, patrocinadores y visitantes de varios países, y su cierre abre la pregunta sobre qué permanecerá.

Una vez terminado un evento de esta magnitud, llega el momento de hacer balance. Más allá del resultado deportivo, que pertenece a los protagonistas, importa lo que el acontecimiento deja en términos de reputación, de infraestructuras y de relaciones comerciales. Es un buen momento para que las empresas locales se pregunten qué han aprendido y cómo pueden conservar los beneficios cuando la atención ya se ha desplazado hacia otra parte. Un balance serio tiene en cuenta ventas, costes, reputación y relaciones, y se hace con datos y no con impresiones.

El resultado

Una competición que se prolonga durante dos meses de regatas tiene un efecto sostenido en la actividad de la ciudad, a diferencia de un acontecimiento de un solo día. Esa duración permitió que muchos negocios fueran ajustando su oferta a medida que veían cómo respondía la demanda.

El cierre de la competición supone, también, el desmontaje de instalaciones, la salida de equipos y de visitantes y el regreso del litoral a su ritmo habitual. Para los negocios que se prepararon para el evento, es el momento de comprobar cuánto ha supuesto en ventas, en nuevos clientes y en costes, y de decidir qué parte de lo hecho merece mantenerse.

La ciudad como escenario

Más allá del resultado deportivo, la ciudad demostró su capacidad para organizar un evento global en el mar. Un acontecimiento así exige coordinar administraciones, servicios, seguridad y empresas privadas durante semanas, y su balance se mide también en reputación. Haber sido una sede eficaz y acogedora mejora las posibilidades de acoger futuras citas internacionales. Una buena experiencia de los visitantes es, además, la mejor publicidad que puede tener una ciudad.

La experiencia sirve, además, de aprendizaje. Gestionar la movilidad, la limpieza, la convivencia con los vecinos y la información a los visitantes en un periodo de afluencia extraordinaria deja lecciones que pueden aplicarse a otros eventos y a la gestión ordinaria de la ciudad. Esas lecciones solo tienen valor si se analizan con rigor y se incorporan a los planes futuros.

El legado

El legado en infraestructuras portuarias y náuticas quedaba para los próximos años. Las mejoras en muelles, accesos y servicios pueden ser útiles mucho después de que se hayan marchado los equipos de regatas, siempre que se mantengan y se utilicen. Su valor real se verá en el uso cotidiano, no solo durante la competición. Una infraestructura sin uso se convierte en un coste de mantenimiento; con uso, en una ventaja competitiva para la zona.

Para las empresas locales, el reto es mantener la relación con los clientes y los contactos que llegaron durante el evento, y no limitarse a sus semanas de mayor actividad. Un mensaje de agradecimiento, una oferta pensada para quienes descubrieron el negocio durante esos días y una presencia cuidada en las redes ayudan a prolongar el efecto. Un evento puntual vale más cuando se convierte en relaciones que duran. Lo mismo se aplica a las relaciones con proveedores y colaboradores que se activaron para atender la demanda extraordinaria.

Lo que deja un gran evento depende de lo que se haga después.

Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.

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