El 5 de enero de 2023 el papa Francisco presidió en la plaza de San Pedro el funeral de Benedicto XVI, fallecido el 31 de diciembre a los 95 años. Cómo fue la ceremonia, quién asistió y por qué fue poco habitual.

El jueves 5 de enero de 2023, a las 9.30 horas, en una mañana fría y de niebla, el papa Francisco presidió en la plaza de San Pedro, en el Vaticano, el funeral de su predecesor, Benedicto XVI. El papa emérito había muerto el 31 de diciembre de 2022, a las 9.34 horas y a los 95 años, en el monasterio Mater Ecclesiae, dentro del Vaticano. Había renunciado al pontificado en 2013.
Los días previos
El fallecimiento lo comunicó la Oficina de Prensa de la Santa Sede el mismo sábado 31. El cuerpo permaneció en el monasterio hasta la mañana del lunes 2 de enero y, desde las 9.00 horas de ese día, quedó expuesto en la basílica de San Pedro: de 9.00 a 19.00 horas el lunes y de 7.00 a 19.00 horas el martes y el miércoles.
Según Vatican News, más de 135.000 personas habían desfilado ante el féretro hasta la tarde del martes; la agencia Catholic News Agency habla de casi 200.000 en total. El director de la Oficina de Prensa, Matteo Bruni, explicó que Benedicto XVI había pedido que todo, también su funeral, estuviera marcado por la sencillez, como lo estuvo su vida. El cuerpo, vestido de rojo, estuvo custodiado por miembros de la Guardia Suiza.
La ceremonia
La misa exequial, celebrada en el atrio de la basílica, siguió el rito de la Eucaristía, al que siguieron la Última Commendatio y la Valedictio, las oraciones de despedida. Concelebraron 125 cardenales y más de 3.700 sacerdotes, según Catholic News Agency. Asistieron decenas de miles de fieles y no hizo falta entrada para acceder a la plaza.
En la homilía, Francisco partió de las últimas palabras de Jesús en la cruz, «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu», y pidió que Benedicto sea encontrado con su lámpara encendida con el aceite del Evangelio que difundió. Lo describió como un fiel amigo del Esposo y terminó deseando que su alegría sea plena. Habló también de la devoción de los pastores, agradecida porque sirven al Señor y a su pueblo por gratitud, y orante porque incluye la intercesión, y recordó que los pastores necesitan, a su vez, las oraciones y el cuidado del pueblo que se les confía.
Quién asistió y por qué fue singular
El Vaticano solo envió invitaciones oficiales a las autoridades de Italia y de Alemania; los demás dirigentes pudieron acudir a título particular. El presidente italiano, Sergio Mattarella, estuvo en la plaza. Según Catholic News Agency, también asistieron el presidente de Polonia, Andrzej Duda, los reyes de Bélgica y, desde España, la reina Sofía. Estados Unidos estuvo representado por su embajador ante la Santa Sede.
Según los especialistas en historia de la Iglesia citados por la prensa, es la primera vez en la época moderna que un papa en ejercicio preside el funeral de su predecesor. Como Benedicto XVI era papa emérito y no papa reinante, su muerte no abre ningún cónclave: Francisco sigue al frente de la Iglesia católica.
Terminada la misa, el féretro volvió a la basílica y fue sepultado en las Grutas Vaticanas, bajo San Pedro. Según Vatican News, ocupa la tumba donde estuvo Juan Pablo II antes de su beatificación, conforme a la voluntad de Benedicto XVI. En el ataúd, de ciprés, zinc y madera, se colocó un «rogito», un breve texto que resume su vida y su pontificado.
Un funeral sobrio, como él quiso, que cierra casi diez años de convivencia de un papa y un papa emérito en el Vaticano.
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