El 26 de agosto, en Jackson Hole, Jerome Powell advirtió de que bajar la inflación traería «algo de dolor» a familias y empresas; el gas europeo marcó su máximo histórico.

El 26 de agosto de 2022, en el simposio de Jackson Hole, el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, advirtió de que bajar la inflación traería «algo de dolor» a familias y empresas. Ese mismo día, el gas en Europa alcanzó su precio más alto de la historia. Dos señales del mismo contexto: un banco central decidido a frenar los precios y una energía cada vez más cara. Era un recordatorio de que, en economía, las buenas noticias para los precios a medio plazo pueden ir acompañadas de costes a corto plazo.
Es raro que un banco central hable con tanta franqueza de las consecuencias negativas de su propia política. Powell lo hizo para dejar claro que no cedería ante la presión si la inflación no bajaba. Para empresas e inversores, el mensaje era una invitación a asumir que el entorno de tipos altos y menor crecimiento podía prolongarse, y a prepararse en consecuencia en lugar de esperar un giro rápido.
Un discurso muy esperado
El simposio de Jackson Hole es una cita anual en la que los banqueros centrales dan señales sobre su política. Que el presidente de la Reserva Federal hablase abiertamente de «dolor» fue una forma de decir que combatir la inflación tiene un coste, y que el banco central estaba dispuesto a asumirlo.
Los mercados siguen esos discursos con enorme atención porque, muchas veces, el tono importa tanto como el contenido. Un matiz en una frase puede cambiar las expectativas sobre el ritmo de los tipos y mover los precios de acciones, bonos y divisas en cuestión de minutos. Conviene, sin embargo, no dejarse llevar por la reacción inmediata: lo relevante es la dirección general de la política monetaria. Un buen hábito es leer el discurso completo o un resumen fiable, y no solo el titular que lo condensa.
Sin rescate rápido
El mensaje fue claro: no habría rescate rápido de los mercados. Durante años, muchos inversores habían confiado en que los bancos centrales acudirían en su ayuda ante cualquier caída seria, y esa confianza estaba cambiando, porque ahora la prioridad era frenar los precios.
Esa confianza implícita tenía un nombre en el lenguaje de los mercados, pero no era una garantía, sino una expectativa basada en lo ocurrido en años anteriores. Cuando el contexto cambia, también cambia lo que se puede esperar del banco central. La consecuencia es que no cabía dar por hecho un apoyo que, en un entorno de inflación alta, podía no llegar. El riesgo de depender del apoyo de los bancos centrales es que se convierte en una hipótesis oculta de la cartera, que solo se hace visible cuando falla.
Powell dejó claro que la prioridad era la inflación, aunque tuviera un coste.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


