Eurostat publicó una inflación del 3 % en la eurozona en agosto, la más alta en casi diez años, impulsada por la energía. Qué efecto tiene en el ahorro de una familia.

El 31 de agosto de 2021, Eurostat, la oficina estadística de la Unión Europea, publicó que la inflación en la eurozona había alcanzado el 3 % en agosto. Era la cifra más alta en casi diez años y estaba impulsada, sobre todo, por el encarecimiento de la energía. Un dato que no se veía desde hacía casi una década volvía a colocar el coste de la vida en el centro de la conversación económica. Para los hogares, el aumento de precios no es una estadística: es lo que pagan cada semana.
Después de años con inflación muy baja, muchas empresas y familias de la zona euro se habían acostumbrado a planificar con precios casi estables. El nuevo dato rompía esa inercia. Aunque el Banco Central Europeo insistía en que se trataba de un repunte temporal, la subida ya se notaba en los presupuestos domésticos y en los costes de las empresas, y planteaba una pregunta incómoda: cuánto tiempo podía durar. La respuesta importa porque determina si los ajustes que se hagan deben ser puntuales o estructurales.
Qué dijo Eurostat
Eurostat es la oficina estadística de la Unión Europea y publica, entre otros datos, la inflación del conjunto de la eurozona. El dato de agosto mostraba un aumento del 3 % respecto al año anterior, el nivel más alto en casi diez años. El principal motor era la energía, cuyo encarecimiento se trasladaba a los precios de la electricidad, de los carburantes y, de forma indirecta, de muchos otros bienes y servicios.
Un dato así es relevante porque la inflación de la eurozona es una de las variables que más pesan en las decisiones del BCE. Cuando se aleja del objetivo, aumenta la presión para reaccionar, y la forma de hacerlo, con los tipos de interés, afecta al coste de las hipotecas, de los préstamos a empresas y de la rentabilidad del ahorro.
La postura del BCE
El BCE insistía en que el repunte sería temporal. Una parte de la subida se debía a factores que podían revertirse, como el efecto de la reapertura de la economía. Pero mientras no se revertían, los precios seguían siendo más altos para hogares y empresas, y el debate sobre su duración quedaba abierto.
Que algo sea temporal no significa que no se note mientras dura. Una familia que paga más por la energía o por la compra semanal ve reducido su margen de ahorro, y una empresa que no puede trasladar sus costes ve reducido su margen de beneficio. Cuanto más se prolonga la situación, mayor es el efecto acumulado, y más difícil resulta saber cuándo se normalizará. Por eso conviene presupuestar con prudencia, sin dar por hecho un retorno rápido a los precios anteriores.
Un 3 % de inflación era el dato más alto en la zona euro desde 2011.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


