El 19 de julio la Guardia Revolucionaria iraní capturó el petrolero británico Stena Impero. Qué hay detrás del pulso y cómo afecta al comercio y a la energía.

El 19 de julio de 2019, la Guardia Revolucionaria de Irán capturó el petrolero Stena Impero, con bandera británica y 23 tripulantes a bordo, y lo condujo al puerto de Bandar Abbas. Teherán sostuvo que el buque no había respetado las normas marítimas; el Gobierno británico situó la captura en aguas de Omán. Fue la respuesta, según la mayoría de analistas, a lo ocurrido el 4 de julio, cuando las autoridades de Gibraltar retuvieron el superpetrolero iraní Grace 1.
Gibraltar actuó por la sospecha de que el Grace 1 llevaba petróleo a Siria, lo que vulneraría las sanciones de la Unión Europea. Irán lo negó y acusó a Londres de actuar por orden de Washington. El cruce de capturas se produjo en un contexto de tensión creciente, tras la retirada de Estados Unidos del acuerdo nuclear en 2018 y el endurecimiento de sus sanciones al petróleo iraní.
Un estrecho que importa
El estrecho de Ormuz es el estrecho paso marítimo entre el golfo Pérsico y el golfo de Omán. Por él circula alrededor de una quinta parte del petróleo que se consume en el mundo, además de una parte muy relevante del gas natural licuado. No tiene alternativa fácil: los oleoductos que permiten esquivarlo tienen una capacidad limitada, de modo que cualquier incidente se interpreta como un riesgo para el suministro.
Cuando el riesgo sube, las consecuencias llegan por tres vías. Las aseguradoras encarecen las primas de riesgo de guerra de los buques que cruzan la zona, algo que ya había ocurrido tras los ataques a petroleros de junio. Los armadores pueden desviar rutas o exigir más por el flete. Y los mercados reaccionan: el precio del crudo se mueve con los titulares, aunque no haya cambios en la oferta real. A diferencia de otros conflictos, aquí el riesgo no depende solo de que haya un daño físico: basta la percepción de peligro para que cambien las primas, los fletes y los precios.
Cómo llega a su bolsillo
Para una empresa española, el efecto más directo es el coste de la energía y del transporte. Los combustibles, los fletes marítimos y las materias primas con origen en el Golfo ven alterado su precio. En sectores como el químico, el plástico o la logística, un encarecimiento sostenido acaba trasladándose a los costes y, con retraso, a los precios de venta.
Para una familia, el canal es la gasolina, el gas y, de forma más indirecta, el comportamiento de sus inversiones. Los episodios geopolíticos suelen provocar movimientos bruscos en la bolsa y en las materias primas, que a menudo se corrigen cuando el conflicto se enfría. Los inversores suelen distinguir entre los episodios que alteran la oferta de forma duradera y los que no, y la reacción del mercado depende de cuál de los dos escenarios les parezca más probable.
Un estrecho de pocos kilómetros puede mover precios a miles de kilómetros de distancia.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


