Toys “R” Us pidió el 18 y el 19 de septiembre de 2017 el Chapter 11 en EE. UU. y la protección concursal en Canadá, con unos 5.000 millones de dólares de deuda. Qué dijo de sus tiendas fuera de EE. UU. y qué supone para los proveedores.

Toys “R” Us, la cadena de juguetes con unas 1.600 tiendas en el mundo, 885 de ellas en EE. UU., Puerto Rico y Guam, presentó el lunes 18 de septiembre de 2017 su solicitud de Chapter 11 ante el tribunal de quiebras del Distrito Este de Virginia, en Richmond. Este capítulo de la ley estadounidense permite a una empresa seguir operando bajo supervisión judicial mientras negocia con sus acreedores un plan para reestructurar sus deudas. Su filial canadiense pidió protección ante el Tribunal Superior de Ontario, al amparo de la ley canadiense de arreglos con los acreedores (Companies’ Creditors Arrangement Act, CCAA).
La deuda y el momento
La empresa fue adquirida en 2005 por Kohlberg Kravis Roberts (KKR), Bain Capital y Vornado Realty Trust en una compra apalancada de 6.600 millones de dólares, y arrastra desde entonces una deuda de unos 5.000 millones, con unos 400 millones de dólares anuales en intereses, según los datos publicados esos días. No tenía vencimientos inmediatos, pero, según los documentos judiciales, no logró cerrar la financiación para la campaña de Navidad: un intento de vender y alquilar sus inmuebles se atascó y los proveedores habían empezado a recortar los envíos ante el temor de no cobrar.
Para pasar la campaña, la compañía obtuvo el compromiso de más de 3.000 millones de dólares de financiación para el periodo del concurso, con un sindicato de bancos liderado por JPMorgan, sujeta a la aprobación del juez. El 20 de septiembre el tribunal autorizó con carácter provisional el uso de más de 2.000 millones de dólares. La empresa tiene casi 65.000 empleados en el mundo y pidió al tribunal autorización para seguir pagando salarios y prestaciones.
Las tiendas fuera de EE. UU. y los proveedores
La compañía precisó que sus operaciones fuera de EE. UU. y Canadá, incluidas unas 255 tiendas con licencia y una sociedad conjunta en Asia, son entidades separadas y no forman parte del proceso. En España, Toys “R” Us Iberia explota unas cincuenta tiendas; fuentes de la empresa transmitieron tranquilidad a la prensa, aunque dijeron que era pronto para hacer valoraciones.
Con los proveedores, la empresa dijo que trabajaba para mantener los inventarios y que había pedido autorización judicial para pagar, en el curso ordinario, los bienes y servicios suministrados desde la fecha de la solicitud. Su consejero delegado, David Brandon, afirmó que estaban en buena posición para aceptar envíos con normalidad y que las tiendas físicas y la tienda en línea seguían abiertas.
El riesgo de crédito con un gran cliente
Un Chapter 11 no equivale a una liquidación: la empresa sigue operando y puede salir con un plan aprobado por los acreedores y el tribunal, y esa es la intención declarada de Toys “R” Us. Para un proveedor, el caso deja una lección sobre la concentración de ventas en un solo cliente. En un proceso de este tipo, lo que la empresa debía antes de la solicitud pasa a gestionarse dentro del procedimiento, con sus plazos y sus prioridades, y no siempre se cobra íntegro ni de inmediato; lo servido después es lo que la empresa se compromete a pagar, con autorización del tribunal.
Las preguntas prácticas son: qué parte de la facturación representa ese cliente, qué plazo de cobro tiene concedido, si hay un seguro de crédito vigente y qué límite tiene asignado, y si el contrato permite suspender envíos ante señales de impago. En este caso, los proveedores habían empezado a recortar los envíos antes de la solicitud.
Un cliente grande no es un cliente seguro: su solvencia también forma parte del riesgo de quien le vende.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


