- El 16 de mayo Moody’s rebajó la calificación de la deuda estadounidense de Aaa a Aa1.
- Citó el aumento continuado del déficit y de la deuda; era la última gran agencia con la máxima nota.
- Una cartera prudente no depende de un solo emisor, por grande que sea: conviene revisar la concentración.
El 16 de mayo de 2025, la agencia de calificación Moody’s rebajó la nota de la deuda de Estados Unidos de Aaa a Aa1, es decir, de la máxima a la inmediatamente inferior. La agencia citó el aumento continuado del déficit y de la deuda. Era la última de las grandes agencias que mantenía la calificación más alta para el país, de modo que, desde ese día, ninguna de ellas la conservaba.
Durante décadas, la deuda pública estadounidense ha sido el activo de referencia del sistema financiero mundial, el que se toma como medida de lo que significa «sin riesgo». Que una agencia retire la máxima calificación no cambia de golpe esa condición, pero sí obliga a recordar que ningún emisor, por solvente que sea, está exento de evaluación y de matices. Las calificaciones son un resumen, útil pero imperfecto, de una realidad más compleja, y conviene leerlas como una referencia y no como una verdad absoluta.
Qué hace una agencia de calificación
Las agencias de calificación evalúan la capacidad de un emisor para devolver su deuda y le asignan una nota. Esa nota influye en lo que tiene que pagar por financiarse y en qué inversores pueden comprar sus bonos, de modo que su cambio tiene un efecto práctico además del simbólico.
Muchos fondos, bancos y aseguradoras tienen reglas internas que limitan qué calificaciones pueden mantener en cartera. Por eso un cambio de nota puede obligar a ajustar posiciones o a revisar límites. Aun así, no hay que exagerar su alcance: las agencias opinan, pero el mercado fija el precio, y a veces anticipa de sobra lo que la agencia acaba reconociendo. En este caso, el motivo citado, el deterioro de las cuentas públicas, era una cuestión conocida, y el interés estaba más en el símbolo que en la novedad.
Un efecto limitado, pero simbólico
La rebaja tuvo un efecto limitado, pero simbólico: el activo de referencia mundial ya no era perfecto. Moody’s no descubría nada nuevo, porque la trayectoria fiscal ya era conocida, pero con su decisión ya ninguna de las grandes agencias mantenía la máxima nota para Estados Unidos.
Lo simbólico importa porque contribuye a la percepción de riesgo. Un Estado con más deuda debe pagar intereses sobre un monto mayor, y eso reduce su margen de maniobra futuro. Para quien invierte o se financia en dólares, es un recordatorio de que la sostenibilidad fiscal de una gran economía es un factor que conviene tener en cuenta a largo plazo, sin dramatizar. Un mayor coste de la deuda pública estadounidense puede, con el tiempo, repercutir en el de otras economías, que utilizan esos tipos como referencia.
Qué conviene recordar
Una cartera prudente no depende de un solo emisor, por grande que sea. Conviene revisar de dónde procede la deuda pública y privada que se tiene, cuánto pesa cada emisor y si esa concentración es una decisión consciente, y comentarlo con un asesor.
La diversificación de emisores, de países y de plazos es una de las herramientas más sencillas para reducir el riesgo. No se trata de huir de ningún activo, sino de saber qué porcentaje del patrimonio depende de cada decisión ajena. Estas líneas no son una recomendación de comprar ni de vender ningún bono, sino una invitación a mirar con calma la composición de lo que se tiene. Revisar esa composición una vez al año, con un asesor, suele ser suficiente para detectar concentraciones que se han formado sin que nadie las decidiera.
En las inversiones, hasta lo que parecía no tener riesgo lo tiene.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


