- El 18 de septiembre la Reserva Federal bajó los tipos medio punto, más de lo que muchos esperaban, en su primera bajada desde marzo de 2020.
- El dinero empezaba a abaratarse en las dos orillas del Atlántico: con la Fed y el BCE en la senda de las bajadas, financiarse resultaba menos costoso.
- Con tipos a la baja, mantener liquidez excesiva vuelve a tener un coste de oportunidad: conviene ajustar su tamaño a lo que de verdad se necesita.
El 18 de septiembre de 2024, la Reserva Federal de Estados Unidos bajó los tipos de interés medio punto, más de lo que muchos esperaban. Era su primera bajada desde marzo de 2020, lo que cerraba un largo periodo con los tipos en niveles altos. La decisión no solo afectaba a Estados Unidos: el dólar y los tipos estadounidenses son una referencia para casi todos los mercados. Por eso lo que decide el banco central de Washington acaba llegando a los costes de financiación de una pyme en Cataluña.
Un recorte de medio punto, el doble del movimiento habitual de un cuarto de punto, es una señal más intensa de lo que habría sido un ajuste mínimo. Indica que el banco central considera que la economía puede soportar un dinero más barato sin que la inflación se reavive, o bien que quiere anticiparse a una posible desaceleración. Cualquiera de las dos lecturas tiene consecuencias prácticas para empresas y familias.
Un recorte mayor de lo esperado
La sorpresa estuvo en el tamaño del recorte. Los mercados financieros dedican mucho esfuerzo a anticipar estas decisiones, de modo que una sorpresa en el tamaño del recorte, aunque sea moderada, se nota en los precios de inmediato. Cuando el mercado había descontado un recorte menor, ajustarse a uno mayor implica revisar muchas posiciones en poco tiempo.
Que el recorte superase las previsiones no significa que la senda futura vaya a ser más rápida ni que la economía esté en peor situación. Lo que revela es la importancia de la comunicación de los bancos centrales y de la prudencia a la hora de interpretarla. Quien planifica sobre la base de una bajada concreta debería tener presente que las decisiones se toman reunión a reunión y que los datos pueden modificarlas.
Dinero más barato
El dinero empezaba a abaratarse a las dos orillas del Atlántico. Con la Fed y el BCE en la senda de las bajadas, la financiación y las hipotecas se encarecían menos, y las condiciones para endeudarse mejoraban progresivamente. El efecto no es inmediato ni uniforme, pero la dirección del cambio es favorable para quien necesita crédito.
Esto tiene consecuencias en decisiones concretas: el coste de refinanciar una deuda, el de financiar una inversión o el de comprar una vivienda con hipoteca. Aun así, un tipo más bajo no convierte en buena una operación que no lo es. Conviene calcular la capacidad de pago con holgura, y comprobar que el proyecto sigue siendo razonable incluso si los tipos se mantuvieran en niveles algo superiores a los previstos. Esta prudencia protege tanto a quien se endeuda como a quien presta.
El coste de oportunidad
Con tipos a la baja, mantener liquidez excesiva volvía a tener un coste de oportunidad, es decir, lo que se deja de ganar por tener el dinero parado. Mientras los tipos eran altos, el efectivo en depósitos ofrecía una rentabilidad atractiva; a medida que bajan, esa ventaja se reduce y el dinero inmovilizado pierde atractivo frente a otras alternativas. Esa comparación, que antes favorecía casi siempre al efectivo, ahora exige analizar cada caso con cifras.
La liquidez sigue teniendo su función, como reserva para imprevistos, pero conviene ajustar su tamaño a lo que de verdad se necesita. Una regla práctica es reservar el equivalente a varios meses de gastos o de costes fijos y revisar si el resto está colocado de acuerdo con los objetivos y el plazo de cada uno. Esta nota es información general, no una recomendación de inversión, y un asesor puede ayudar a concretarlo. Revisarlo una vez al año suele bastar.
El dinero parado también tiene un precio.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


