Repuntan los tipos de la deuda

Claves
  • A finales de febrero, la rentabilidad de la deuda pública estadounidense a diez años subió con fuerza.
  • El mercado esperaba más estímulo, una recuperación rápida y, con ellas, más inflación.
  • Las tecnológicas sufrieron: cuando suben los tipos, lo que depende de beneficios futuros vale menos hoy.

A finales de febrero de 2021, la rentabilidad de la deuda pública estadounidense a diez años subió con fuerza. Fue uno de esos movimientos que pasan desapercibidos fuera de los mercados financieros, pero que condicionan muchas cosas a la vez: el precio de las acciones, el coste del crédito y las expectativas sobre lo que harán los bancos centrales. El detonante fue la expectativa de más estímulo y de una recuperación rápida, y las empresas tecnológicas fueron de las que más lo notaron. Lo que ocurre en la deuda pública estadounidense rara vez se queda allí: se transmite a otros mercados y a otras monedas.

El mercado empezaba a descontar un entorno distinto al de los meses anteriores. Tras un año de tipos muy bajos y de incertidumbre sanitaria, los inversores empezaban a pensar en una economía que se recuperaba y en una inflación que dejaba de ser un asunto menor. Para quien no sigue los mercados a diario, la señal es útil: cuando los tipos de largo plazo se mueven, acaban afectando a las hipotecas, a los préstamos a empresas y a las valoraciones.

Qué se movió

La rentabilidad, o tipo, de un bono es lo que gana quien lo compra. Existe una relación inversa con su precio: cuando el precio del bono baja, la rentabilidad sube, y al revés. A finales de febrero ese movimiento se produjo en la deuda estadounidense a diez años, una referencia que se sigue en todo el mundo porque sirve de base para valorar otros activos y para fijar el coste de muchos créditos.

Detrás de la subida estaba la expectativa de más estímulo y de una recuperación rápida y, con ellas, de más inflación. Si los inversores creen que los precios subirán, exigen más rentabilidad para prestar a largo plazo, porque el dinero que recibirán en el futuro comprará menos. Es la forma en que el mercado traduce sus expectativas en números, y por eso estos movimientos se interpretan como un adelanto de lo que se espera de la economía. Por eso los analistas siguen de cerca la rentabilidad a diez años como una especie de termómetro del ánimo del mercado.

Por qué sufrieron las tecnológicas

Cuando suben los tipos de largo plazo, cambia la valoración de todo lo que depende de flujos futuros: acciones de crecimiento, inmuebles y la propia deuda. Un beneficio que llegará dentro de muchos años vale menos hoy si el dinero rinde más. Por eso las empresas tecnológicas, cuya valoración descansa en lo que se espera que ganen en el futuro, fueron de las más castigadas.

Es un mecanismo básico de las finanzas: a mayor tipo, menor valor presente. Se calcula descontando los ingresos futuros con una tasa que depende de lo que rinde el dinero sin riesgo, de modo que cualquier cambio en esa tasa modifica el resultado. No significa que las empresas hayan empeorado, sino que el listón que se les exige para justificar su precio sube. Es el mismo razonamiento que se aplica a cualquier activo cuyo valor depende de ingresos que llegarán en el futuro, como un inmueble que se alquilará durante décadas.

Una señal que conviene no ignorar

Es una señal que conviene no ignorar. Los tipos de largo plazo influyen en el coste de las hipotecas, de los préstamos a empresas y de la financiación de proyectos. Cuando suben, el crédito se encarece, y quien tiene deuda a tipo variable o necesita refinanciar en los próximos meses lo nota antes que nadie. Quien ahorra, en cambio, puede ver mejorar la rentabilidad de ciertos instrumentos.

Revisar cómo está financiado cada patrimonio y qué ocurriría con tipos más altos es un ejercicio sensato antes de que el cambio de entorno llegue a las cuentas. Conviene repasar los vencimientos próximos, la proporción de deuda a tipo fijo y variable y el margen de tesorería, y comentarlo con el banco o con un asesor financiero.

Prever no es adivinar, es prepararse.

Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.

Una primera reunión no le compromete a nada.

Cuéntenos su situación. Le responderemos en menos de 24 horas laborables, con estricta confidencialidad.