- El 7 de marzo el BCE retrasó cualquier subida de tipos hasta al menos el final de 2019.
- Anunció una nueva ronda de préstamos baratos a los bancos (TLTRO III) para sostener el crédito.
- Tipos bajos favorecen a quien se endeuda y penalizan a quien ahorra: conviene plantearse qué pasará cuando cambien.
El 7 de marzo de 2019 el Banco Central Europeo (BCE) retrasó cualquier subida de tipos de interés hasta, al menos, el final de 2019. En la misma reunión anunció una nueva ronda de préstamos baratos a los bancos, conocida como TLTRO III. El mensaje de fondo era que el dinero seguiría siendo barato durante más tiempo del que se esperaba hasta entonces. Es una de esas decisiones que no se perciben de inmediato en el día a día, pero que acaban condicionando el precio de buena parte de las operaciones financieras de empresas y familias.
Las decisiones del BCE llegan a todos los rincones de la economía europea. Condicionan el coste de las hipotecas a tipo variable, el de los préstamos a las empresas y la rentabilidad de los depósitos. Por eso un cambio de calendario en los tipos no es una cuestión técnica para especialistas, sino una variable que modifica las cuentas de hogares, pymes y grandes compañías, y que afecta a la manera de plantear cualquier decisión financiera.
Qué decidió el BCE
El Banco Central Europeo fija los tipos de interés de la zona euro. Al posponer cualquier subida, señalaba que el dinero seguiría siendo barato durante más tiempo del previsto. Es una forma de apoyar la actividad económica, porque unos tipos bajos abaratan la financiación y estimulan la inversión y el consumo, aunque también tienen efectos secundarios.
Los TLTRO son préstamos a largo plazo que el banco central ofrece a las entidades en condiciones favorables, para que mantengan el crédito a empresas y familias. La lógica es sencilla: si los bancos pueden financiarse a bajo coste y durante bastante tiempo, tienen más margen para seguir concediendo préstamos, algo que importa especialmente cuando la economía pierde impulso. La eficacia de este tipo de medidas depende de que los bancos trasladen realmente esas condiciones al cliente, algo que varía según la entidad, el sector y el momento.
Efectos en el crédito
Con tipos bajos durante más tiempo, la financiación para una empresa o una hipoteca a tipo variable se mantiene en niveles bajos. Quien tiene deudas referenciadas a los tipos del mercado ve que sus cuotas no se encarecen, lo que da un respiro a los presupuestos familiares y facilita la planificación de las inversiones empresariales.
Pero esa misma situación significa que los ahorradores obtienen poca rentabilidad por sus depósitos, y que los bancos tienen menos margen para ganar dinero con la intermediación. Un entorno prolongado de tipos bajos puede, además, incentivar un endeudamiento excesivo si se interpreta como una situación permanente, algo que la experiencia de otros ciclos aconseja evitar. Para quien ahorra con horizonte largo, esta situación obliga a replantear qué parte del dinero necesita estar disponible y qué parte puede tolerar cierta variación.
Dos caras de la misma moneda
Tipos bajos favorecen a quien se endeuda y penalizan a quien ahorra. Por eso conviene mirar la propia situación con realismo: qué deuda hay, a qué tipo, cuánto efectivo se mantiene sin invertir y cuáles son los plazos a los que se necesita ese dinero. Es un ejercicio de ordenación que cualquier familia o empresa puede hacer con cifras reales sobre la mesa.
Un asesor puede ayudar a ordenarlo y a plantear escenarios: qué ocurriría con las cuotas si los tipos subieran de nuevo, qué margen tendría la tesorería y si la estructura de la deuda es razonable para el horizonte de cada necesidad. No se trata de adivinar cuándo cambiarán los tipos, sino de que el plan resista que lo hagan. Se trata de una revisión de sentido común, que cualquier empresa o familia puede hacer una o dos veces al año, y cuyo valor es mayor justo cuando el entorno parece tranquilo.
Los tipos bajos no son una situación permanente; es mejor plantearse qué pasaría cuando cambien.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


