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La luz bate récords en pleno verano

Por Pearson Specterlunes, 16 de agosto de 20214 min de lectura

El precio mayorista de la electricidad en España encadenó máximos históricos en agosto, empujado por el gas y el CO₂. Cómo afecta a los márgenes y qué conviene revisar.

En agosto de 2021, el precio mayorista de la electricidad en España encadenó máximos históricos, una racha de subidas que llamó la atención en un mes en el que, por lo general, la actividad económica se ralentiza. Dos factores empujaban al alza: el precio del gas y el coste de los derechos de emisión de CO₂. El resultado fue un encarecimiento que, antes o después, llegaría a las facturas de empresas y hogares. Para quien tiene tarifas ligadas al mercado, el efecto es casi inmediato.

La energía había sido durante años una partida a la que muchos negocios prestaban poca atención, porque sus precios se movían poco. Esa situación cambió en pocas semanas. Quien tenía consumos elevados, o contratos ligados al mercado mayorista, vio cómo un coste que parecía estable se convertía en una variable difícil de prever y con un efecto directo en los márgenes. Quien no podía repercutir la subida a sus clientes tuvo que absorberla con su propio beneficio. Para las familias, el aumento se traducía en facturas más altas cuando más se usa la electricidad.

Qué empujó los precios

El precio mayorista se fija en un mercado en el que todas las tecnologías de generación cobran lo mismo en cada hora. Es lo que se llama un mercado marginalista: el coste de la última tecnología necesaria para cubrir la demanda marca el precio de todas. Cuando esa última tecnología es una central de gas, el precio del gas determina el precio final de la electricidad, aunque buena parte de la producción proceda de fuentes más baratas.

A ello se sumaba el coste de los derechos de emisión de CO₂, que las instalaciones contaminantes deben adquirir. Si esos derechos se encarecen, producir electricidad con combustibles fósiles resulta más caro y el precio sube. Estos dos factores, el gas y el CO₂, actuaban a la vez y explicaban en buena parte la racha de máximos que se encadenaba en el mercado. Cuando ambos se mueven al alza a la vez, el efecto sobre el precio de la luz se multiplica.

De partida secundaria a riesgo principal

Para muchas empresas, la factura energética pasó de partida secundaria a riesgo principal. Un negocio con consumos elevados, o con contratos ligados al precio del mercado mayorista, puede ver cómo sus márgenes se reducen en pocas semanas. Cuando el coste sube más deprisa que la capacidad de trasladarlo a los clientes, la rentabilidad se resiente.

La energía dejó de ser un coste que se paga sin mirar. Industrias, comercios, hoteles y empresas de servicios descubrieron que su estructura de costes era más sensible al precio de la luz de lo que habían supuesto. Y para los hogares, el aumento reducía la capacidad de gasto en otros capítulos, justo cuando la economía trataba de recuperarse de la pandemia.

Qué conviene revisar

Revisar contratos, consumos y la posibilidad de autoconsumo dejaba de ser opcional. Conviene analizar qué tipo de tarifa tiene cada instalación, cuánto de la factura es fijo y cuánto variable, y qué medidas de eficiencia podrían reducir el consumo. Un estudio energético puede ayudar a decidir con datos y a priorizar las inversiones.

También es útil medir cuánto pesa la electricidad en el coste total de cada producto o servicio, y valorar si los contratos con clientes permiten repercutir las variaciones. En el caso de un hogar, comparar tarifas, revisar la potencia contratada y ajustar los hábitos de consumo son medidas sencillas que pueden aliviar la factura. También conviene comprobar que la tarifa elegida sigue siendo la más adecuada para el perfil de uso. Conocer el consumo propio es la base para controlar el coste.

Lo que se mide, se puede gestionar; la energía no es una excepción.

Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.

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