La criptomoneda recupera terreno tras un comienzo de año muy bajo, en parte por el interés que despertó Libra.
A finales de junio de 2019 bitcoin superó los 13.000 dólares, después de haber empezado el año por debajo de los 4.000. El rebote se produjo en pocos meses y atrajo de nuevo la atención sobre las criptomonedas, en parte por el interés que despertó el proyecto Libra, la moneda digital que había presentado Facebook pocos días antes y que puso otra vez el debate sobre el dinero digital en los titulares. El rebote llegó tras un comienzo de año muy bajo, y fue seguido de cerca tanto por entusiastas como por escépticos.
Un movimiento de esta amplitud merece una explicación, pero también una advertencia. Los mercados de criptoactivos son jóvenes, están menos regulados que los financieros tradicionales y reaccionan con fuerza a las noticias y al ánimo de los inversores. Para entender qué significa un salto así, conviene separar lo que se sabe, un precio que sube con rapidez, de lo que no se sabe: si se mantendrá, y por cuánto tiempo. En un activo así, los grandes movimientos al alza y a la baja forman parte de su comportamiento habitual, no de una excepción.
Un movimiento muy amplio
Pasar de menos de 4.000 a más de 13.000 dólares en pocos meses ilustra lo que significa una alta volatilidad: los precios pueden multiplicarse, pero también caer con la misma rapidez. La volatilidad no es una característica pasajera, sino una propiedad de un activo cuyo valor depende de forma muy directa de las expectativas.
Bitcoin no genera ingresos ni pagos de intereses, y su precio depende en gran medida de la oferta y la demanda en cada momento. A diferencia de una empresa, que reparte beneficios, o de un bono, que paga un cupón, no hay un flujo de dinero que permita calcular un valor de referencia. Eso hace muy difícil saber si un precio es alto o bajo y explica la amplitud de sus oscilaciones. A diferencia de un depósito o de un bono, no existe un emisor al que reclamar ni un flujo de pagos que permita valorar con criterios sencillos si el precio es razonable.
El efecto Libra
El debate sobre el proyecto de Facebook puso de nuevo en el centro de atención a las monedas digitales. Cuando una empresa de ese tamaño se interesa por el dinero digital, muchos interpretan que el concepto gana legitimidad, y eso puede atraer nuevos compradores, con el consiguiente efecto sobre el precio de las criptomonedas ya existentes.
Parte de la repuntada reflejaba ese interés, y no necesariamente un cambio en el uso real de bitcoin. Los movimientos impulsados por el entusiasmo pueden revertirse cuando cambia el ánimo del mercado, cuando aparecen restricciones regulatorias o cuando la atención se desplaza a otro tema. La experiencia de episodios anteriores recomienda no confundir una narrativa atractiva con un fundamento sólido.
Un precio que sube deprisa no es lo mismo que una inversión sin riesgo.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.



