La huelga de los vigilantes de Eulen llevó a la Guardia Civil a los controles del aeropuerto. Qué dice del turismo, de las contratas y de la mediación laboral.
Los vigilantes de seguridad de Eulen, la empresa que gestiona los controles de seguridad del aeropuerto de Barcelona-El Prat, iniciaron paros parciales el 4 de agosto de 2017 y convocaron huelga indefinida a partir del lunes 14. Tras un fin de semana en que la asamblea rechazó por segunda vez la propuesta de mediación de la Generalitat, el lunes la Guardia Civil se hizo cargo del control de acceso de pasajeros para evitar colas y el Gobierno inició los trámites para un laudo arbitral obligatorio.
El ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, había anunciado el viernes 11, tras un comité de crisis con Aena, Interior y la Guardia Civil, que se reforzarían los controles con agentes, sin sustituir al personal de la empresa. Los trabajadores reclaman mejores salarios, descansos adecuados y formación en un trabajo exigente y estresante, en pleno verano y con el nivel de alerta antiterrorista elevado. La Generalitat había mediado con una propuesta salarial que la asamblea de trabajadores rechazó.
Qué ocurre en un servicio esencial
En los servicios que afectan a la seguridad o a la movilidad, la ley obliga a fijar servicios mínimos para proteger los derechos de terceros, y es la Administración quien los impone. Cuando el conflicto se prolonga y sus consecuencias son graves, el Gobierno puede además acordar un arbitraje obligatorio, como el que comenzó a tramitar: un tercero designado resuelve en lugar de las partes. El derecho de huelga es un derecho fundamental, pero su ejercicio no puede anular el de otros ciudadanos a servicios esenciales; el equilibrio entre ambos se resuelve caso por caso y los tribunales pueden revisarlo después.
El ministro aseguró que no se trataba de sustituir al personal de Eulen, que continuó en el aeropuerto. La ley prohíbe al empresario sustituir a los huelguistas por otros trabajadores, y por eso la distinción importa: los agentes reforzaron un control de seguridad pública, no ocuparon los puestos de los vigilantes en huelga.
Contratas y responsabilidad
Muchas empresas, de los aeropuertos a las fábricas, externalizan servicios que consideran accesorios, como la vigilancia, la limpieza o la logística, y descubren que una huelga en la contrata puede paralizar su actividad. El cliente no es el empleador de esos trabajadores, pero sufre las consecuencias y, en ciertos casos, puede responder subsidiariamente de las deudas salariales y de Seguridad Social de la contratista.
Conviene revisar los contratos de servicios: planes de contingencia ante huelgas, cláusulas de penalización, certificados de estar al corriente de pagos y qué ocurre si la contratista incumple. Cuanto más crítico es el servicio, más importante resulta tener una alternativa preparada, no improvisada. Para un cliente con muchos proveedores externos, identificar qué servicios son realmente críticos es el primer paso.
Qué conviene prever
Agosto es uno de los meses de más tráfico en El Prat. Las colas largas en el control afectan a pasajeros, aerolíneas y comercios, y pueden hacer perder vuelos y reservas. Según fuentes de Aena, las esperas llegaron a ser de entre cuarenta minutos y una hora en la madrugada del lunes, aunque por la mañana se redujeron a entre cinco y diez minutos. Además, de los taxis y los alquileres de coche a los hoteles cercanos, muchas actividades dependen del flujo de viajeros del aeropuerto.
Para quienes viajan, un mayor margen de tiempo, la facturación en línea y el equipaje de mano ordenado ayudan. Y las empresas con viajes de empleados o clientes harán bien en tener un plan alternativo si un conflicto laboral altera las operaciones.
Un servicio esencial detenido cuesta a todos; la prevención empieza por contratos y planes de contingencia claros.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.



